Puede que jugar sea una de las cosas que más disfrutas. El problema empieza cuando todo lo demás empieza a desaparecer.

Quizá al principio era simplemente una forma de divertirte después de estudiar o trabajar. Pero poco a poco las partidas se han ido alargando.

Empiezas jugando un rato y terminas pasando horas. Has intentado reducir el tiempo, pero acabas volviendo a jugar. Y mientras tanto, otras cosas empiezan a quedarse atrás.

Cuando el uso de videojuegos se vuelve excesivo que empieces a notar dificultad para controlar cuánto tiempo juegas, necesidad de jugar cada vez más o irritabilidad cuando no puedes hacerlo. También pueden aparecer alteraciones del sueño, descuido de los estudios, el trabajo u otras responsabilidades, y una pérdida progresiva de interés por otras actividades.

En algunos casos, el videojuego puede ir ocupando cada vez más espacio, provocando aislamiento o reducción de las relaciones fuera del juego, discusiones con familiares o pareja e intentos repetidos de reducir el tiempo de juego sin conseguirlo. Incluso puedes llegar a sentir que jugar es la única manera de desconectar o sentirte bien.

Cuando jugar deja de ser una elección.

Los videojuegos pueden proporcionar diversión, desafío, conexión social o sensación de logro. Por eso no se trata simplemente de preguntarnos cuánto juegas.

La cuestión es qué función está cumpliendo el videojuego en tu vida y qué está ocurriendo alrededor de ese comportamiento. Cuanto más importante se vuelve esa vía de escape, más difícil puede resultar renunciar a ella.

¿Qué podemos trabajar en terapia?

Mediante el Análisis Funcional de la Conducta, trataremos de comprender qué situaciones favorecen que juegues, qué obtienes del juego y qué consecuencias están haciendo que el comportamiento se mantenga.

A partir de ahí podemos trabajar para:

  • Recuperar el control sobre el tiempo dedicado a jugar.
  • Identificar qué necesidades está cubriendo actualmente el videojuego.
  • Desarrollar otras formas de afrontar estrés, aburrimiento o malestar.
  • Recuperar sueño y rutinas.
  • Volver a realizar actividades que has ido abandonando.
  • Mejorar tus relaciones fuera del entorno del videojuego.
  • Establecer objetivos y límites realistas.
  • Recuperar un equilibrio entre jugar y el resto de tu vida.

No se trata necesariamente de dejar de jugar. Se trata de que puedas volver a elegir cuándo jugar y que el videojuego deje de ocupar el espacio que corresponde a otras partes importantes de tu vida.

¿Hablamos?

Si sientes que los videojuegos están empezando a ocupar más espacio del que te gustaría en tu vida, podemos valorar juntos qué está ocurriendo y cómo recuperar un equilibrio sin renunciar necesariamente a jugar.