Puede que el problema no sea lo que haces. Puede ser todo lo que te dices sobre ti mientras lo haces.

Quizá eres mucho más duro contigo que con cualquier otra persona. Un error puede convertirse rápidamente en «soy un desastre». Una crítica puede hacerte cuestionar todo lo que haces. Un rechazo puede confirmar aquello que llevas tiempo pensando sobre ti.

Y aunque los demás te digan que tienes muchas cosas buenas, puede resultarte difícil creerlo.

La baja autoestima puede manifestarse como una crítica constante hacia ti mismo, compararte continuamente con otras personas, necesitar su aprobación o sentir que nunca eres suficiente. También puede aparecer un miedo excesivo a equivocarte, dificultad para aceptar las críticas o reconocer tus propios logros, inseguridad en tus relaciones, problemas para poner límites o una exigencia tan elevada que cualquier error parece confirmar que has fallado.

La autoestima no depende únicamente de pensar cosas positivas sobre ti. Nuestra imagen de nosotros mismos se va construyendo a partir de nuestras experiencias, nuestras relaciones y la forma en la que aprendemos a responder ante nuestros errores, éxitos y dificultades.

A veces intentamos sentirnos mejor buscando constantemente aprobación, evitando equivocarnos, comparándonos con los demás o exigiéndonos cada vez más. El problema es que estas estrategias pueden acabar teniendo el efecto contrario: cuanto más necesitas hacerlo todo bien para sentir que eres suficiente, más vulnerable puedes sentirte cuando algo no sale como esperabas.

¿Qué podemos trabajar en terapia?

A través del Análisis Funcional de la Conducta, trataremos de comprender cómo se ha ido construyendo tu forma de relacionarte contigo mismo y qué comportamientos están manteniendo esa inseguridad. A partir de ahí, podemos trabajar para:

  • Comprender de dónde vienen determinados patrones de autocrítica.
  • Reducir la necesidad constante de aprobación.
  • Afrontar errores y críticas de una manera diferente.
  • Dejar de compararte continuamente con los demás.
  • Aprender a poner límites.
  • Afrontar situaciones que actualmente evitas por inseguridad.
  • Reducir la autoexigencia.
  • Construir relaciones más saludables contigo mismo y con los demás.
  • Actuar de acuerdo con lo que realmente quieres, incluso cuando aparezcan dudas o inseguridad.

El objetivo no es convencerte de que eres perfecto. Es que puedas dejar de necesitar serlo para sentir que eres suficiente.

¿Hablamos?

Si sientes que la forma en la que te valoras está condicionando tus decisiones, tus relaciones o las cosas que te atreves a hacer, podemos valorar juntos qué está manteniendo esa inseguridad y empezar a construir una forma diferente de relacionarte contigo mismo.