Hay momentos en los que parece que tu mente no sabe cómo parar.

Te preocupas por cosas que ya han ocurrido, anticipas situaciones que todavía no han sucedido, repasas una y otra vez lo que podrías haber hecho de otra manera o puede que incluso, cuando tienes tiempo para descansar, sea difícil desconectar.

La ansiedad también se hace notar en el cuerpo: tensión, palpitaciones, sensación de falta de aire, mareos, molestias en el estómago, dificultad para dormir o una sensación constante de estar en alerta.

En ocasiones, además, empiezas a evitar determinadas situaciones por miedo a sentirte mal, a perder el control o a que vuelva a ocurrir algo que ya te generó ansiedad. Es entonces cuando la ansiedad empieza a ocupar demasiado espacio en tu vida.

¿Cuándo empieza la ansiedad a convertirse en un problema?

Sentir ansiedad no significa necesariamente que exista un problema. Es una respuesta normal que nos prepara para afrontar situaciones que percibimos como importantes, difíciles o amenazantes. El problema aparece cuando esa respuesta se vuelve demasiado frecuente o intensa y comienza a interferir en tu vida.

Puede que hayas empezado a controlar más lo que haces, evitar determinadas situaciones, buscar constantemente seguridad o exigirte demasiado. Estas estrategias pueden proporcionar alivio en un primer momento, pero también pueden contribuir a que la ansiedad termine manteniéndose.

Y entonces puede aparecer la sensación de estar atrapado en un círculo: cuanto más intentas controlar la ansiedad, más presente parece estar.

¿Qué podemos trabajar en terapia?

En terapia no nos limitaremos a intentar que desaparezcan los síntomas. Trataremos de comprender qué está ocurriendo en tu caso y qué está haciendo que la ansiedad se mantenga.

A través del Análisis Funcional de la Conducta podremos identificar qué situaciones desencadenan el malestar, cómo respondes ante ellas y qué consecuencias están influyendo en que ese patrón continúe.

A partir de ahí, trabajaremos de forma progresiva y adaptada a ti para que puedas:

  • Comprender mejor lo que te ocurre.
  • Afrontar situaciones que actualmente evitas.
  • Reducir la necesidad de controlar constantemente lo que piensas o sientes.
  • Afrontar las crisis de ansiedad o pánico.
  • Aprender a relacionarte de otra manera con tus pensamientos y emociones.
  • Recuperar actividades y aspectos de tu vida que la ansiedad ha ido limitando.

El objetivo no es que tengas que vivir sin sentir ansiedad. Es que puedas recuperar la capacidad de decidir qué haces con tu vida, incluso cuando aparezca.

¿Hablamos?

Si sientes que la ansiedad está empezando a limitar tu día a día, podemos valorar juntos qué está ocurriendo y cómo empezar a trabajarlo.